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martes, 5 de noviembre de 2019

68 - Visitamos Sarajevo, Mostar y mucho más!.

Del 27 al 29 de Julio, 2019.



Era sábado, o sea que perfecto para visitar la ciudad sin el stress de un día laboral. Llegamos temprano a Sarajevo siguiendo el corto tramo que nos separaba desde Visoko por autopista y gracias a nuestro navegador, al cual indicamos: "centro de la ciudad" arribamos fácilmente a destino. Cuando vimos que estábamos cerca, elegimos el parking del Teatro Nacional para dejar a Furgo.





Preguntamos hacia dónde estaba el centro y seguimos caminando, comprobando que efectivamente estábamos muy cerca de la parte histórica y comercial de la ciudad. Cuando llegamos a la explanada de la catedral católica, vimos a un grupo de gente y a un guía que iniciaban una visita "Free Walking Tour" y nos pareció buena idea unirnos. A pesar de conocer el mecanismo y de que nos lo habían recomendado no lo habíamos hecho nunca, esta era una buena oportunidad y no lo pensamos demasiado.

Nuestro guía nos llevó a los sitios más emblemáticos de la ciudad, haciendo hincapié en que  Sarajevo, a pesar de sus tantos conflictos y guerras a lo largo de la historia,  siempre fue una ciudad  multicultural, con buena convivencia entre musulmanes, cristianos y judíos, y así lo demuestran las diferentes iglesias ortodoxas y católicas, la hermosa mezquita y la sinagoga, que se encuentran todas muy cerca unas de otras. También se nota la multiculturalidad en los restos de un antiquísimo hotel que usaban antiguos mercaderes, los edificios de diferentes estilos, la gastronomía, sus mercados y tantas otras cosas, por ejemplo como contar con los primeros baños públicos de la historia, y que todavía funcionen...










Sarajevo en estos momentos cuenta con una población de unos 406.000 habitantes de diferentes etnias y religiones. Desde la antigüedad fue un cruce de caminos y encuentro para las grandes caravanas que traían mercancías desde oriente hacia Europa. En Sarajevo se produjo también el acontecimiento que se considera el inicio de la primera guerra mundial: el asesinato de Franz Ferdinand el 28 de Junio de 1914. También se pueden ver señales en la ciudad de cuando en 1984 fue sede de los Juegos Olímpicos de invierno, cuando aún pertenecía a la antigua Yugoslavia. Desgraciadamente, también se ven aún señales en multitud de lugares de la atroz guerra y del sufrimiento que vivió la ciudad en la década de 1990 como protagonista de un conflicto que no pudimos entender a pesar de visitar y estar en casi todos los países y regiones que estuvieron involucrados. La ciudad estuvo sitiada desde el 5 de Abril de 1992 hasta el 29 de Febrero de 1996 por las fuerzas de la autoproclamada República Srpska y el ejército Yugoslavo. Fue el asedio más largo entre las guerras modernas y, tal como nos lo contaba el guía, la llegada de las tropas de las Naciones Unidas no ayudaron en mucho, más bien lo contrario. El guía nos fue mostrando, aun muy afectado, las cicatrices de la ciudad, que se encargaron en mantener para no olvidar. También nos contó que durante el asedio la gente no podía ni siquiera asomarse a las ventanas sin sentirse expuesta a los disparos de los francotiradores. Una pesadilla.

Lo que nos resultó increíble fue que a pesar de los episodios tremendamente sangrientos de su historia reciente, Sarajevo siempre vuelve a levantarse, y así lo demuestra en estos momentos. Si uno no supiese nada de lo que pasó, la ciudad se podría describir como alegre, tranquila, amigable, de esas en la que te sientes bien paseando sin rumbo y viendo la gente pasar sentado en una terraza tomando algo.















Luego de dejar el paseo guiado nos alejamos un poco del centro hasta una plaza en la que había puestos de artículos de segunda mano y productos locales artesanos entre otras tantas cosas. Compramos discos de vinilo, y cosméticos a naturales. Luego volvimos al centro y almorzamos cerca de la mezquita en un pequeñísimo restaurante típico en el cual hacía demasiado calor. Comimos después  un postre delicioso acompañado de un complicado pero delicioso café bosnio en unas terracitas muy pintorescas en la parte alta y visitamos un  cementerio musulmán desde el que se tenía una buena vista general del valle alargado que ocupa la ciudad.













Cuando recogimos a Furgo, antes de marcharnos intentamos llegar hasta el cementerio donde  descansan los restos de las personas muertas en el último conflicto. Las calles que nos llevaban hasta allí estaban cortadas por obras públicas y el navegador no supo bien cómo encontrar alternativas, ya que el cementerio está en una parte alta y de calles totalmente irregulares. Nos costó bastante salir del laberinto de calles de doble mano en las cuales no cabía más de un coche a la vez.







Partimos hacia el sur en dirección a una de las atracciones turísticas de Bosnia, la ciudad de Mostar. Habíamos pasado bastante calor en Sarajevo y estábamos cansados por las caminatas. Mirando el mapa decidimos detenernos más o menos a medio camino pasando la ciudad de Konjic, en el lago Jablanicko Jezero con la esperanza de encontrar un sitio para quedarnos a descansar, nadar y pasar la noche. Una vez en el lago, siguiendo la costa nos dimos cuenta de que era realmente difícil acceder a alguna de las poquísimas playas, que eran privadas. Luego de varios intentos fallidos y de tener que retroceder marcha atrás cientos de metros por entrar en calles sin salida (no están marcadas como tal) encontramos un rincón que funcionaba como playa-camping-embarcadero que pertenecía a una familia y donde pudimos quedarnos a pasar el resto de la tarde y la noche por 5€ sin ningún servicio.





El lugar no estaba mal, aunque algo sucio, siguiendo la tónica habitual que nos veníamos encontrando, pero al menos pudimos nadar y descansar muy bien. En ese sitio se alquilaban unas plataformas flotantes muy curiosas que usaban grupos de familias y amigos para recorrer el lago. A la hora que llegamos aun quedaba gente navegando y terminando unas largas sobremesas cargadas de cervezas, pero todo muy tranquilo.









Después de desayunar seguimos viaje para llegar a media mañana a Mostar, en la región de Herzegovina. Últimamente no planificamos ni nos informamos demasiado sobre nuestros destinos, así que esperamos que nos sorprendan e ir aprendiendo sobre ellos in situ. Aparcamos donde pudimos y nos acercamos hasta el casco antiguo donde está el famoso puente del siglo XVI llamado Stari Most (puente viejo). Tanto esa parte de la ciudad como el puente en sí son preciosos, pero notamos que se ha masificado demasiado. En ese sitio se han filmado episodios de la serie Juego de Tronos y eso ha traído a aun más público que viene a sacarse fotos sólo por eso. A pesar de que empezaba a llover, las pequeñas calles que llevan al puente estaban atestadas de gente de todas partes del mundo y no se podía ni caminar, menos aun apreciar los edificios típicos, ahora convertidos casi todos en restaurantes o tiendas de recuerdos. Cruzamos el puente aprovechando nuestro "instante de gloria" para observar el paisaje y enseguida volvimos a buscar a Furgo bajo una lluvia cada vez más intensa.










Luego nos enteramos que el famoso puente, construido por arquitectos turcos, ahora Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue volado en Noviembre de 1993 durante la guerra. Apenas terminado el conflicto se iniciaron las labores de reconstrucción, intentando usar en lo posible los restos del antiguo. En 2004 se reinauguró y ahora es uno de los pilares del turismo del país. Mostar fue muy castigada también por la guerra, y sólo ver las marcas de los proyectiles en muchos edificios genera tristeza.

En el camino por la E73 y en dirección sur, pasamos por las ruinas de una antigua ciudadela fortificada, Počitelj que queda a orillas del rio Neretva y que fue construida por los turcos hacia el año 1383. La mayoría de los edificios incluido el castillo están derruidos pero todavía se sostienen en pie algunas casas  y la mezquita que fueron restauradas . Cuando pasamos por el lugar la lluvia caía de forma torrencial, así que seguimos unos cuantos kilómetros hasta Čapljina una pequeña ciudad de aspecto soviético que estaba desierta, nos imaginamos que por la lluvia y por ser domingo. 





Estacionamos a Furgo en el parking de la estación de trenes, cocinamos algo y descansamos mientras duró la tormenta. Cuando terminó de llover, volvimos a Počitelj y la recorrimos con mucha tranquilidad, éramos casi los únicos turistas por allí. Le preguntamos a un vendedor de recuerdos si sabía de algún lugar en el río en el que nos podamos bañar, él no lo sabía pero preguntó a alguien más y nos dijeron un sitio que podía estar bien. Allí fuimos con la intención también de pasar la noche. El lugar hubiese sido perfecto, pero también era usado como vertedero de basura, si bien no nos afectó para bañarnos en el agua helada del río que estaba relativamente a salvo de la basura, no lo vimos claro para pernoctar allí. Fuimos a lo seguro y volvimos a la comodidad del parking de la estación de tren. Por la noche el centro de la ciudad, pasada la lluvia y vuelta a las temperaturas templadas, se llenó de gente en los bares y paseando por todos lados, nosotros hicimos lo mismo y dimos una vuelta caminando por la ciudad, que ya no parecía tan gris y desierta.











La mañana se presentó con nubes y con la promesa de que iba a continuar el mal tiempo. Seguimos hasta Stolac, donde antes de llegar nos detuvimos casi por casualidad para ver las Tumbas de Radimlja. Esto fue otra de las gratas sorpresas del viaje. Al costado del camino hay una necrópolis con más de cien lápidas de gran tamaño y peso, la mayoría labradas con imágenes de gran riqueza artística. Este sitio también se encuentra listado como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. 







Allí tienen un pequeño centro de interpretación y con la entrada una guía nos explicó la historia del lugar, que data de los siglos XV y XVI . Las tumbas mayormente pertenecieron a una familia noble asentada en el lugar.







Seguimos luego en dirección a la frontera con Montenegro y nos detuvimos en un monasterio cristiano ortodoxo de mucha importancia. Aquí el tiempo nos jugó otra mala pasada, ya que volvía a llover y no parecía que fuese a parar, y para entrar en el monasterio desde el parking había que caminar un par de cientos de metros. Esperamos un rato y al ver que la lluvia no amainaba, muy a nuestro pesar seguimos camino. 










A partir de la localidad de Trebinje la carretera comenzó a subir y el paisaje a hacerse más y más agreste, la llúvia ahora caía menos intensamente, pero el asfalto era peligrosamente resbaladizo. Luego de pasar por el punto más alto del lugar nos encontramos con el puesto fronterizo bosnio, y algo más adelante el de Montenegro. Desde allí sólo quedaba bajar la carretera que desembocaba en el municipio de Herceg Novi, en la famosa bahía de Kotor.










Nosotros estábamos muy ilusionados, a pesar de la lluvia, con llegar hasta el mar, aparcar y bañarnos en el Adriático, pero no todo fue perfecto. La carretera que recorre toda la bahía estaba de punta a punta atascada de tráfico tanto de ida como de vuelta por ese efecto que ocurre en los lugares de turismo de playa, que cuando llueve parece ser que a todo el mundo le parece una brillante idea ir a pasear a los pueblos o hacer compras. En definitiva, un caos. Ya era hora de almorzar y probamos suerte entrando al interior de los pueblos, cosa que también fue mala idea, el atasco circulatorio era generalizado y las calles estrechas no ayudaban, y un lugar para aparcar parecía misión imposible. Decidimos seguir camino en dirección a Kotor (sabiendo que era el epicentro de todo eso) con la esperanza de encontrar un camino o carretera que nos desviase de allí. Luego de un buen rato y con nuestra paciencia al límite, delante del restaurante de un hotel se desocupó una plaza de parking que aprovechamos sin pensarlo. Entramos en el restaurante sin fijarnos en el menú o el precio y nos sentamos y esta vez tuvimos suerte, ¡la comida estuvo buenísima! y a precio razonable. Ya más tranquilos y contentos por el buen almuerzo nos incorporamos otra vez al atasco y especulando con el mapa decidimos acercarnos al mar en una zona en que la carretera pasaba muy cerca de la costa. Así lo hicimos y luego de hacer un par de kilómetros tuvimos suerte de encontrar un lugar bastante adecuado, justo al lado del agua. Probablemente en un día normal la policía o algún vecino nos hubieran echado de allí, pero como el tiempo estaba tan malo y casi no había gente en las playas nadie nos prestó atención. 









Es bastante curioso, pero la gente deja reservados sus lugares en la playa para el día siguiente.

Aprovechamos a la tardecita cuando dejó de llover para nadar y luego caminar siguiendo el mar y a la noche cuando toda la gente de la zona salió a pasear por la zona, también lo hicimos nosotros. Estábamos en la localidad de 
Baošići. Furgo quedó en medio de la gente que iba de aquí para allá, pero descansamos bien y la noche fue muy tranquila. 






¡Gracias Wikipedia por la información adicional!











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